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Blogtrip

[sg_popup id="2" event="onload"][/sg_popup] Recién pasado el mediodía, llegamos a la finca Huayrapuca, al pie del cerro Famatina (Wamatinag, que en aymara significa madre de los metales), en el departamento homónimo. Dejamos todas nuestras cosas en la combi, tomamos sólo lo necesario y salimos raudos para el valle. No podíamos ni queríamos que se nos vaya la luz. Paulo, dueño de la finca y conocedor del lugar como pocos, nos esperaba para salir en una excursión en 4x4 con varios puntos por recorrer, entre ellos, primero de todos y rodeado de montañas: la pequeña finca de José Caliba. José es un tipo afable, con muy buen humor y con una particularidad extra: se especializa en lavar oro. Sólo escuchar la frase “lavadores de oro”, no pude más que remontarme a las películas muy viejas, incluso en blanco y negro, donde cantidades de hombres con grandes platos cónicos (luego sabría que en español se llaman chaila), batían y batían agua con arena al costado del río para buscar el preciado metal amarillo. - ¿Cuánto hace que lava oro, José? - Desde los 18 (hoy debe rondar los 60). - ¿Siempre la misma técnica? - Siempre.