Purmamarca y el Paseo de los Colorados

Luego de haber visitado Salinas Grandes, la excursión de Runa Tour continuaba en Purmamarca con una caminata por el Paseo de los Colorados. El paseo de solo 3 Km a espaldas del famoso y no menos hermoso Cerro de los 7 Colores, me deslumbró.

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Si bien nosotros comenzamos la excursión en Tilcara, ya habíamos estado en Purmamarca un par de días antes. Nos habíamos alojado en el hotel Killari, apenas unas cuadras alejado de la plaza principal y custodiado a sus espaldas por el Cerro de los Siete Colores. Un lugar tranquilo, muy bien atendido y super agradable. Esta vez nos quedamos unas horas para almorzar y pasear. Como Tahiel se había quedado dormido de regreso de las salinas, no participó de nuestro almuerzo junto a Mary y Raúl, un matrimonio de marplatenses que conocimos en la excursión. Cuando se despertó se comió un tremendo sandwich que no le entraba en la boca y luego sí caminó con nosotros.

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Purmamarca, que en aimara significa “ciudad del desierto”, se encuentra a 65 Km de San Salvador de Jujuy por la ruta 9 y a 25 Km de Tilcara. Un detalle a tener en cuenta es que Purmamarca no se ubica sobre la ruta 9, sino a 3 Km al oeste de la misma, sobre la ruta 52. Cuando uno viaja desde Jujuy o desde Tilcara, hay que asegurarse de que el bus que vayamos a tomar “entre” literalmente a Purmamarca. Si no realiza el tramo de 3 Km por la ruta 52, y nos bajamos sobrea la 9, habrá que caminar cuesta arriba durante esos 3 Kms. Mejor averiguar antes.
El cerro de los Siete Colores, la estrella del lugar, observa la vida del pueblo como un centinela. El ritmo de Purmamarca es tranquilo y apacible. Y te invita a recorrela y disfrutarla de igual manera.

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Para poder apreciar el cerro en toda su dimensión existen una serie de miradores a los que se puede acceder sin mayores esfuerzos. Para saber cuáles son pueden ir a la oficina de turismo, justo al lado de el pequeño Cabildo de la ciudad y pedir un mapa. Hay unos cinco o seis puntos que cumplen el rol de miradores, pero el más lindo, para verlo en su totalidad, con el pueblo a sus pies, es el que se encuentra cruzando la ruta. Caminan por la calle Florida hasta la ruta, cruzan la ruta, cruzan el río (cuando está seco) y suben por un camino indicado con unas flechas rojas (aunque están algo escondidas). Van a llegar a una casa, desde donde sigue el caminito hacia la parte más alta. Antes de llegar a la casa hay una casilla abandonada donde a veces se tiran a dormir algunos borrachos. Solo tengan en cuenta que se los pueden cruzar y tomen las medidas necesarias.
En una de nuestras caminatas durante los días que nos quedamos, estaban grabando un video promocional para un tema musical con fondo del cerro, y luego hubo sesión de fotos… con invitados.

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El Paseo de los Colorados es una breve caminata en la que uno siente que “se mete” en el Cerro de los Siete Colores. Uno espera encontrarse con muchos tonos de rojos, pero nunca se imagina tantos de grises, verdes y hasta algún lila o violeta, según cómo pegue el sol. La palabra que más se escucha entre los caminantes es “mirá”, y no es para menos. La naturaleza en este pedacito del mundo no escatimó en nada, desparramó belleza. Si la Cuesta del Lipán parace el trazado de un gigante a mano alzada, acá, ese mismo gigante, lanzó baldes de pintura de colores contra las laderas de la montaña y le quedó increíble. Así es para mí, el paseo de Los Colorados.

 

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Cuando la combi se detuvo para que arranquemos la caminata del Paseo de los Colorados, Ignacio, nuestro guía, nos dijo: “agarren todo fuerte que acá estamos en donde vive el viento”. No se equivocó. Justo en esa curva, entre 2 paredes de la montaña a ambos lados del camino, el viento sopla con muchísima fuerza, pero si uno se corre unos metros de esa curva, el viento desaparece. Es como un juego al que Tahiel enseguida quizo jugar. Claro que a upa porque sino, realmente corría riesgo de volarse. Entramos y salimos de “La casa del viento” unas 15 veces.

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El gigante tiró la pintura sobre las montañas y el viento las esculpió. Las formas que generó la erosión invitan a jugar buscando imágenes talladas mientras uno las observa. Con imaginación hay de todo y Tahiel de imaginación sabe bastante. Veía animalitos, aviones y cosas que ni de casualidad yo veía.

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Siempre que veo los paisajes de semejante inmensidad que nos regala la natruraleza reflexiono en lo pequeño que somos y a su vez, en cuanto daño le hacemos los seres humanos a la madre Tierra.
Me gustaría que cuando Tahiel sea grande recorra  aunque sea algunos de los luagres a los que fuimos juntos. No sé si recordará, pero como ayuda tendrá fotos y videos de esta temprana edad viajando en familia con nosotros. Ojalá encuentre lo que vea en ese momento en el mismo estado de conservación que le muestran las fotos de estos días. Ya no pido mejor, pido al menos igual.

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Queríamos agradecer especialmente a Luis de la empresa Runa Tour por brindarnos esta excursión y por habernos resuelto toda la logística para presentarnos con nuestro proyecto educativo y mágico en la provincia de Jujuy. Pueden ver nuestra experiencia aquí. También queremos destacar la buena onda del guía y del conductor, y de este último también, el profesionalismo al conducir.
Queremos agradecer nuevamente a Andes Líneas Aéreas por permitirnos llegar a Salta y a Jujuy.

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Desde 2009, junto con Aldana, decidí cambiar mi estilo de vida: dejé la ingeniería en sistemas para dedicarme solo a la magia y a los viajes. Desde ese momento disfruto de conocer y compartir otras culturas, de escribir y de llevar magia por el mundo mientras arrancamos muchas sonrisas.
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