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A clases los domingos en Puerto Quito

Puerto Quito es una pequeña ciudad a tres horas en auto desde Quito, de camino a la costa ecuatoriana. Pero muchos de los que pasan por allí podrían confundirla con un pequeño pueblo. Allí, una de las escuelas tiene la particularidad de estar abierta los domingos. ¿Por qué? Porque todos los domingos asisten a clases más de 200 adolescentes y adultos que no pueden hacerlo durante la semana. Sus distintas realidades hacen que de lunes a sábados tengan que trabajar en las fincas, ayudar en las tareas del hogar o participar en algunas de las actividades comunitarias que se realizan en la zona.
Pero este domingo fue diferente: los visitó Magia en el Camino con su Proyecto Sur.

A pesar de que los alumnos tenían que irse pasado el mediodía y por eso sabíamos que no nos podíamos extender mucho, la charla duró más de una hora. Cada anécdota y cada reflexión iban cambiando las caras de quienes nos escuchaban. Logramos que pasen “de la risa la reflexión” sin quererlo y creemos que alguno de nuestros mensajes llegó a más de una cabecita. Si bien los chicos perdieron algunas de sus pocas horas de clase semanal, creemos que valió la pena. Fue una linda experiencia en Puerto Quito.

Magia y reflexiones

Pero las presentaciones no fueron sólo el domingo, sino también el sábado. Apenas llegaditos a la ciudad nos estaban esperando en la oficina de la viceprefectura un grupo de estudiantes de arte, sus profesores y voluntarios extranjeros que están viviendo temporalmente en Puerto Quito.

En esta oportunidad, los asistentes fueron menos, pero las preguntas y los debates fueron más. Uno de los temas más interesantes sobre los que conversamos y debatimos fue el consumo responsable y los grandes intereses económicos agrícolas.

Para nosotros es un placer llevar adelante nuestro Proyecto Sur. Lejos de aburrirnos con cada presentación, nos enamoramos cada vez más de lo que estamos haciendo. El cambio de realidades de los públicos a los que nos enfrentamos no nos asusta, todo lo contrario, nos apasiona. En esta oportunidad, y como bautismo del proyecto aquí en Ecuador, nuestra anfitriona en la ciudad de Quito, Alexandra (alias “lluvia”), nos tenía preparada esta visita a Puerto Quito que resultó ser una muy linda experiencia.

Ella trabajó durante unos cuantos años en proyectos sociales en la ciudad y todavía conserva grandes amistades dispuestas a ayudarla. Cuando les comentó de nosotros a Edwin, la respuesta positiva para que nos presentemos en el pueblo fue inmediata. Luego de un viaje muy relajado y agradable en el auto de lluvia, acompañados de Luis, su novio, y de Alina, la hija de Luis de sólo 5 años, llegamos a Puerto Quito.

Allí nos esperaba Edwin. El lugar de armar la carpa como teníamos pensado, nos alojamos en una cabaña en medio de la finca de Darwin y Lilian, quienes nos agasajaron con una rica cena y un desayuno que incluyó hasta mate!

Una anécdota divertida con el idioma

El domingo, durante el mini show de magia con el que cerramos cada presentación, hice pasar a dos chicas adolescentes para participar de un juego. Durante el desarrollo del juego, les pido en repetidas oportunidades que por favor agarren el mazo y lo tengan. Cada vez que yo pronunciaba la palabra “mazo” la gente reía a carcajadas y las dos chicas se ruborizaban.

Yo lo noté pero no entendía exactamente qué los hacía reír, aunque imaginaba que era algún otro significado de lo que yo decía. Es así que como a la cuarta vez que sucedió, decidí preguntarle a Lluvia cuál era la causa de semejante alboroto. Ante mi pregunta ella me contestó que, en Ecuador, mazo significa pene. Con razón!! Todo el mundo reía a carcajadas (y yo también!!).

 

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