Consejos para visitar museos con niños

Como ya habrán visto si visitaron la categoría Museos con y para niños, en esta casa/blog somos partidarios de que los #losniñosalosmuseos. Por eso, desde que Tahiel nació intentamos visitar muchos museos y estamos muy contentos con la nueva movida mundial en la que los grandes museos del mundo tienen propuestas para los niños, niñas y sus familias. Sabemos que algunos museos le gustaron más y otros, menos. De algunos posiblemente no recuerde nada y, de otros, recordará mucho. Pero lo importantes es que lo experimentó y que intentamos seguir haciéndolo. Por eso, quiero compartir con ustedes algunos consejos prácticos para visitar museos con niños.

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Bajar nuestras expectativas

Esto es, sin dudas, algo que debemos aprender en varios aspectos de la maternidad/paternidad, pero que suele resultarnos un poco complicado. Es muy común que los adultos tengamos más expectativas que los niños sobre un cumpleaños, una salida, un encuentro familiar, un viaje o la visita a un museo. Ellos son más simples. Y deberíamos aprender de ellos. Por eso, el primer consejo es que tratemos de no trasladar a los peques la expectativa que tenemos nosotros sobre la visita a un museo o sobre lo que nuestro niño o niña disfrutará/verá/hará en ese museo. Ellos saben que están yendo a un museo, pero a lo mejor no tienen mucha idea de lo que van a ver o al final no les gustó tanto o puede ser que ese día, justo, no tengan un buen día y toda nuestra expectativa se derrumbará.

Esto lo aprendí después de «sufrirlo» dos veces:

Una fue en el MOMA, en Nueva York. Tahiel había visto en el jardín la obra “La noche estrellada”, de Van Gogh cuando estuvieron observando los cielos y, también conocía la obra, porque habíamos leído el libro “A Van Gogh le gustan los colores”, de la editorial Arte a Babor. En ese libro, leímos que el cuadro original estaba en el MOMA y quedamos en que lo íbamos a ver. El día que decidimos visitar ese museo, a Tahiel le agarró un ataque de “papitis” apenas entramos. Dino se había quedado en el hall de entrada porque teníamos un solo pase, porque estaba muy cansado (de hecho, se quedó dormido sentado) y porque no le interesaba mucho recorrer el museo. Cuando estábamos por llegar al piso donde se encuentra la obra, Tahiel se puso a llorar, a decirme que quería bajar, que quería estar con papá y que tenía sueño. Yo no sabía que hacer. Intenté calmarlo, hablarle de la obra, del cielo que habían pintado en el jardín, del libro, pero no logramos conectar. Yo me amargué bastante porque me di cuenta de que la que quería estar ahí era yo y no él. En ese momento, una señora se acercó y le dio unas láminas con juegos para buscar imágenes. Eso lo calmó.
Después, nos acercamos a La noche estrellada, la miramos, me dijo algunas palabras y nos pusimos a buscar las obras que estaban en las láminas que le habían regalado. Ahí comprobé que no tenía que tener tantas expectativas y que, como siempre decimos: «tus necesidades no son las de ellos».

La segunda vez fue en Buenos Aires en una muestra itinerante que había sobre Frida Kahlo. En este caso no fue la muestra en sí misma, sino que fuimos con su mejor amigo. Y si ellos están juntos todo es un torbellino. Y la visita a la muestra no podía haber sido de otra manera. En realidad, en este caso, lo disfrutó mucho más que en el caso anterior y mis expectativas no estuvieron tan lejos de lo que pasó, pero me hubiera gustado que prestara más atención a algunas cosas. Lo que aprendí es que me tengo que quedar con lo bueno de la experiencia y con lo que más les gustó: la experiencia de pintar acostado en la cama con un espejo y armar esqueletos.

Hacerlos partícipes antes, durante y después

La previa

Otro consejo fundamental para visitar los museos con niños es que les contemos de qué se trata el lugar al que vamos. Esto debería ser para cualquier lugar que visitemos, pero si se trata de un museo (sobre todo si no es «exclusivo» de niños), deberíamos hacerlo sí o sí. En algunos casos, podemos leerles cuentos relacionados con esos artistas, en otros podemos ver alguna película donde ocurran escenas en ese museo y en otros podemos, simplemente, contarles de qué se trata. Además, algunos de los museos más importantes del mundo tienen webs exclusivas para chicos, como el MET, en Nueva York, que se las súper recomiendo para mirar antes de ir con los niños, sobre todo si son más grandes.
Una de las visitas donde más funcionó la lectura previa fue la del Museo Quinquela Martín, que hasta él mismo me pedía de ir. Habíamos leído el libro “A Benito le gustan los barcos”, habíamos visto un afiche con una reproducción que la abuela tiene en el living y habíamos mirado un video de «Escondidos en el Museo», un ciclo del canal PakaPaka, donde aprendimos que Quinquela Martín pintaba con espátula. Siempre los chicos van detrás del entusiasmo, siempre. Así que lo que tenemos que hacer en la previa es entusiasmarlos.

 

Durante

  • Recuperar lo que vimos previamente. Es decir, traer al diálogo la película, el libro o el video que vimos antes de recorrer el museo.
  • Hacerles preguntas. Pueden ir mostrándoles con entusiasmo lo que van viendo y preguntarles qué piensan de cada cosa que ven, a qué les recuerda, con qué cosa lo relacionarían, si les gusta o si no les gusta, por qué, etcétera.
  • Proponerles actividades. En muchos de los museos (por suerte cada vez más en los museos de Buenos Aires), suelen tener propuestas de actividades para niños. La mayoría consta de hacer una especie de “búsqueda del tesoro” para ver cuáles obras de las que están en un papel, encuentran a medida que recorren el museo. Otros museos proponen recorridos en los que cuentan historias y cuentos sobre las obras y otros, proponen talleres artísticos.

 

Después

Como siempre decimos, documentar lo que hacemos con nuestros hijos es una muy buena idea para después recordar.
Los que me conocen o me leen hace mucho saben que soy muy fanática de documentar las experiencias de Tahiel (algunos lo llaman journals, otros scrapbook, otros smashbook). No lo hago solo a través de una foto, sino que intento guardar otras cosas, como sus expresiones, sus comentarios o sus sensaciones en esos momentos. Además, de la entrada y algún otro papel como la calcomanía con su nombre. Así que, en mi caso, todas las visitar a los museos tienen su registro en su diario de vida/viaje.

Respetar sus tiempos

Otro consejo para visitar un museo con niños es respetar sus tiempos. Esto tiene que ver con que muchas veces los chicos (igual que los adultos) se ponen fastidiosos cuando tienen hambre o sueño. Entonces, tratemos de no ir a un museo cuando ellos tienen alguna de estas dos cosas. Si son muy pequeños y nosotros somos los que queremos ver la muestra, podemos llevarlos dormidos en un carrito o en porteo. Y si son más grandes, pero todavía duermen siesta, no vayamos en el horario de su siesta. Con respecto al hambre, lleven siempre algo para comer y una botella de agua. Si bien en la mayoría de los museos no se puede comer ni beber adentro, sí se puede hacer en algún jardín o patio. O, si es necesario, pueden salir y pedir volver a entrar.

Averiguar con antelación qué actividades proponen

Siempre recomendamos mirar la web oficial de un lugar (museo o no) antes de visitarlo porque suelen tener la información actualizada sobre actividades específicas para los niños o para hacer en familia. En la nueva movida mundial donde los museos “para adultos” suelen tener cada vez más propuestas para hacer en familia, siempre es bueno informarse antes de cuáles son esas propuestas, cuáles son los horarios (a los chicos los aburre mucho esperar), en qué consiste la actividad, si hay que reservar espacio o no, etcétera.
Por ejemplo, en las primeras fotos que siguen estamos participando de una actividad para familias en el Guggenheim de Nueva York que descubrimos porque se me ocurrió mirar la página.

 

Animarse a todo tipo de museo

Si bien los museos que más disfrutan los niños son aquellos en los que pueden tocar y experimentar, como el Prohibido No Tocar o el Centro Cultural de la Ciencia, en Buenos Aires, está bueno llevarlos a los otros museos también. Tanto aquellos que son “casas museos”, donde podemos contarles que la persona dormía ahí o cocinaba allá, como los museos más artísticos, en los que predominan las pinturas en las paredes.

Respetar al otro

La visita al museo puede ser una buena oportunidad para trasmitirle a los niños y niñas la necesidad de respetar al otro y de respetar las normas generales de los museos. En la mayoría, no se puede correr, no se puede hablar fuerte y hay ciertos espacios a los que no se puede ir. Es bueno explicarles esto antes de entrar.

Disfrutar la visita

Lo más importante, claro, es que disfrutemos con ellos la visita y las actividades. Si vemos que no le gusta, si no está cómodo, sino fue el mejor día, siempre podemos irnos y volver en otro momento.

No hace falta que te vayas a una ciudad lejana y muy turística para visitarlos. Seguro que en el lugar donde vivís hay muchos museos interesantes. ¡Buenas salidas!

 

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Aldana Chiodi

Los papeles dicen que soy geógrafa social (profesora), periodista y editora, pero me identifico más con ser viajera, escritora y aprendíz de fotógrafa de viajes. Me encanta viajar, escribir, fotografiar, conocer y compartir otras culturas, llevar magia y arrancar sonrisas por el mundo y la nueva vida que elegí junto con mi compañero y amor: La libertad es un viaje de ida.
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