Camino de San Francisco por la Vía Amerina: del Castell dell´Aquila a Amelia

[sg_popup id=»2″ event=»onload»][/sg_popup] Los tambores sonaron fuerte. Enseguida se sumaron las trompetas y clarinetes. Aparecieron niños y jóvenes con un traje típico y banderas de tonos rojos y azules. La música se escuchaba cada vez más fuerte. Los más chicos se adelantaron unos pasos, se acomodaron en ronda y comenzaron a practicar malabares con sus banderas gigantes al compás del ritmo musical. Las arrojaban al aire y con una destreza impecable las tomaban antes de que se estampen contra el suelo.
Eran los chicos de la compañía de los portadores de banderas y música tradicional de Amelia, en la región de Umbría, Italia. Un grupo que ganó varios premios nacionales e internacionales y que sigue desparramando por el mundo el nombre de Amelia.
Todos se quedaron en la belleza de sus banderas, en la sonoridad de la música y en la destreza de las banderas. Yo me quede pensando en otra cosa.
Pensé en el orgullo de esos niños cuando representan al pueblo donde nacieron. Pensé en la importancia de mostrar sus costumbres y tradiciones. Pensé en lo lindo que es tener un lugar de pertenencia al que volver. Pensé en las raíces que siempre quiero darle a Tahiel. Pensé en todo eso y me emocioné. Me contuve para que no se notaran las lágrimas que querían saltar de mis ojos. Me contuve porque no siempre me gusta mostrar mi debilidad por estos temas. Pero mientras veía a los chicos y lo veía a Tahiel concentrado en lo que estaba mirando no pude más que emocionarme.

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Amelia es una ciudad que me conquistó desde el segundo que la conocí. Una ciudad medieval, que antiguamente se llamaba Ameria, y por eso el nombre del camino es la Vía Amerina. Una ciudad con sus murallas medievales, con una catedral majestuosa, con callejones y callejuelas repletas de escaleras, macetas con plantas bien verdes y flores en las ventanas. Con las señoras que barren la vereda y con los vecinos tomando el espresso más corto y negro que alguna vez vi. Con museos, cisternas romanas y restaurantes que simulan a las antiguas tabernas.
Pero Amelia fue el cierre de un hermoso día de caminata. De nuestro primer tramo en este hermoso viaje de Italia Wonders Ways.

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El día comenzó temprano.
Después de un rico desayuno visitamos el Centro de Paleontología vegetal, conocimos a la nieta de Nelson Mandela, quien fue la madrina de nuestro camino y dimos por iniciada esta etapa del trayecto en la iglesia de Avigliano Umbro. Allí, nuestro guía Giancarlo Guerrini, nos explicó el origen de la vía Amerina (que se abrió en el 240-241 a.C.) y nos enteramos que forma parte del Cammino de lla Luce, por lo que los carteles que encontraríamos a lo largo del camino tendrían ese nombre.

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El camino fue sencillo y los casi 13 km de caminata no se notaron mucho. Algunas partes del camino fueron asfaltadas, pero la sección más linda fue la que atravesamos por suelos de piedra y mucha vegetación. Los paisajes de suaves ondulaciones y campos cultivados nos acompañaban siempre y se convirtieron en el entorno ideal para caminar.
En el trayecto nos cruzamos con el Puente di Collicello, la Iglesia Santa María in Canale y el Convento de los Capuchinos. Este último era un antiguo refugio de los peregrinos.

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Al mediodía almorzamos con vistas al río Grande, en la Sede Social de la Asociación de Amigos del río Grande. Tahiel no solo comió con ganas los ricos fiambres, quesos y pastas, sino que también disfrutó de los juegos que había para su edad. En la región es tradicional el cultivo de higos y avellanas, así que todos los postres tienen una rica base de estos dos productos.

 

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Luego del almuerzo dejamos las valijas en el hotel y nos fuimos a disfrutar de la hermosa ciudad de Amelia. Caminamos por sus calles mirando cada detalle, visitamos la Cistera Romana de la Plaza Matteotti, la imponente Catedral, el Teatro Social del siglo XVIII y la Iglesia de San Francisco.

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El día terminó con una rica cena en una taberna tradicional. Pero para mí no terminó ahí. Una vez en Venezuela, cuando finalizamos la presentación de nuestro proyecto social en una escuela de Ecuador, le dijimos a la profesora que estábamos muy contentos porque con la magia podíamos regalarles 30 minutos de alegría a los chicos. Ella nos dijo que no eran 30 minutos, que era mucho más, porque cada vez que ellos recordaran la magia iban a esbozar una sonrisa y se iban a alegrar de haber vivido ese momento. Con Amelia me pasó y me pasa algo similar. No fue solo una tarde, fue mucho más tiempo porque cada vez que la recuerdo me invade una grata sensación. No sé si fue su arquitectura, sus callecitas, sus ventanas con secretos, sus puertas con escaleras que te llevaban a otra puerta, su teatro, su iglesia, los sentimientos que me generó ver a los portadores de banderas o los paisajes desde la torre, pero Amelia fue, sin dudas, un lugar especial.

 

Pueden leer el primer post sobre el viaje en La Columna de Tahiel. Un lindo post desde su mirada y con muchas fotos.

Algunas webs útiles.

En este link pueden leer (en inglés) el itinerario y los kilómetros desde Castell dell´Aquilla hasta Amelia.
En este link pueden leer sobre todo el Cammino de lla Luce.
En este link pueden ver videos y leer la historia de la compañía de los portadores de banderas y música tradicional de Amelia.

Un agradecimiento especial a todas las personas de Italian Wonders Ways y del Consorcio Francescos Ways, quienes hicieron posible esta experiencia. Y a todos los que nos recibieron en el camino, en cada pueblo, ciudad, hotel, restaurante, iglesia o monumento. Magia en el Camino mantiene todo el control editorial de lo publicado en este sitio.

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Aldana Chiodi

Los papeles dicen que soy geógrafa social (profesora), periodista y editora, pero me identifico más con ser viajera, escritora y aprendíz de fotógrafa de viajes. Me encanta viajar, escribir, fotografiar, conocer y compartir otras culturas, llevar magia y arrancar sonrisas por el mundo y la nueva vida que elegí junto con mi compañero y amor: La libertad es un viaje de ida.
Si querés saber más sobre mi historia podés leer acá.
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