Conocer el Lehg II y recordar a Vito Dumas

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El guía le hablaba a un pequeño grupo de visitantes al museo sobre ese barco, como si su historia fuera una más. La simpleza, el tono, la cadencia con la que se expresaba no contagiaba a quienes lo escuchaban. Parecía que solo miraban cuál era el objeto que venía a continuación en el recorrido. Yo, que estaba maravillado frente a la embarcación hacía ya más de diez minutos, no pude más que interrumpirlo para «hacer justicia».
Comencé a relatar con pasión los detalles que tengo grabados en mi mente por haber leído, mejor dicho «devorado», el libro “Los Cuarenta Bramadores-La vuelta al mundo por la ruta imposible”. El Lehg II, el velero con el que Vito Dumas dio la vuelta al mundo en solitario y en condiciones consideradas “imposibles”, descansa orgulloso e imponente en el Museo Naval de La Nación, en la localidad de Tigre, provincia de Buenos Aires.

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El grupo de visitantes se dedicó a escucharme y a involucrarse con mi sentida exposición, en la que un recuerdo me llevaba a otro. “Se ve que esta historia te ha conmovido”, me dijo un señor con acento mexicano. “¿Quieres que te tome una fotografía?”, me preguntó una señora más bajita que lo acompañaba. El guía, que quedó relegado a un tercer plano, aportó dos comentarios como para recobrar protagonismo: “Este es el guía adjunto del museo”, refiriéndose a mí. (Comentario que no generó muchas risas). “El otro día estuvo aquí Robert De Niro. Vino especialmente a ver el barco. Él también es navegante, sabía de la historia y quería verlo personalmente”.
“Imagínate tú”, comentó otro visitante, mirando al guía fijamente a la cara como diciéndole “¡Este barco es importante en serio!”.

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Yo agregué algo más antes de que cada uno prosiga su camino: “Vito Dumas es considerado aún hoy como el navegante solitario más grande de todos los tiempos”, y con un saludo simple y cordial, nos despedimos. Este pequeño grupo de personas volverá a su casa conociendo algo de la increíble historia de Vito Dumas y sabiendo que el Lehg II, ese barco que tuvieron enfrente, no es un barco más expuesto en aquel museo.
La historia de cómo Vito Dumas llevó adelante semejante hazaña tiene entre sus párrafos un mensaje de positivismo y lucha contra la adversidad, que no pasa desapercibido. A cualquier viajero le hará sentir ese cosquilleo en la panza que lo impulsa a salir a la ruta una y otra vez.

 

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Cuando era chico soñaba con tirarme en paracaídas. Siempre me dio cagazo, pero la excitación que me producía era aún mayor. Por eso aseguraba que lo iba a hacer. Pasaron los años y la balanza se inclinó para el otro lado: el cagazo superó a la excitación y entonces ya no quise hacerlo más. Quedó en el arcón de lo que ya no haré porque, sencillamente, no quiero hacerlo.
Cruzar el Atlántico en velero me pintó de más grande, incluso antes de leer a Vito Dumas y sus Cuarenta Bramadores. Me da mucho cagazo también, pero aún la balanza indica que la excitación es mayor y sigo con ganas de hacerlo. Este deseo se lo debo al gran navegante solitario. Voy a esperar a que Tahiel crezca, quizás me quiera acompañar. Espero (y creo) que la balanza se mantendrá inclinada como hoy.

Tuve profesores en mi vida que, desde su amor por lo que hacen o hacían, han logrado transmitirme ese sentimiento por alguna actividad. El buceo con Tito Rodriguez, la magia con Sérpico o las redes de datos con Alejandro Corletti. Sí, las redes. En mi vida anterior era lo que más amaba hacer: redes de datos. Pensarlas, diseñarlas, instalarlas y demás detalles me encantaba y, además, me permitía aislarme, estar afuera de la oficina que me asfixiaba. Me permito agregar a Vito a este selecto grupo de personas sin siquiera haber sido su contemporáneo. Simplemente porque también me ha mostrado que su pasión por algo lo llevó a cumplir su sueño, a la vista de todos, imposible.

“No hay sueño que se precie de tal, si no hay alguien que te diga que es imposible hacerlo”.

Si les gustan los viajes de aventuras, no dejen de leer el libro de Vito Dumas. Si se hacen una escapada a Tigre, no dejen de leer los post sobre el recorrido en el bus turístico (para ver qué hacer y ver en la ciudad, además del Lehg II) y una navegación por el Delta de Tigre.

 

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Dino Feldman

Desde 2009, junto con Aldana, decidí cambiar mi estilo de vida: dejé la ingeniería en sistemas para dedicarme solo a la magia y a los viajes. Desde ese momento disfruto de conocer y compartir otras culturas, de escribir y de llevar magia por el mundo mientras arrancamos muchas sonrisas.
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One thought on “Conocer el Lehg II y recordar a Vito Dumas

  1. Dino querido, espero que vayamos juntos, en mi caso también tengo cagazo, me habían invitado para hacerlo en las mejores condiciones (buen barco, amigo experimentado) pero Toto era muy chico y me dió miedo. Hoy Toto creció, me dice YO NO VOY NI LOCO (Uno sueña, Dios decide) Tal vez cuando crezca aún más quiera venir o no, pero ya sé que de última deberé intentarlo sólo. Si vas avisame, si Tahiel o el Capitan Tati quiere venir mejor. Te escribo porque sos un grande, has compartido una linda historia, YO TAMBIEN TENGO MI FOTO con el Lehg II, sabés de mi pasado que me dió éso de CAPITANTOBA en el mail, sin embargo nunca tuve ésa sensibilidad que tienen los buenos narradores de historias para hacer públicas sus emociones. Me alegra que te haya salido lo de MAESTRO CIRUELA, es la segunda vez que te veo al frente de un aula!!! ja ja ja ja. Cuidense, nos volveremos a ver….

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