La casa de botellas en Puerto Iguazú

Llovía en Puerto Iguazú y llovía mucho. Ya habíamos visitado las Cataratas del Iguazú y mis papás estaban buscando alguna opción de paseo para que yo haga algo diferente. Me habían nombrado La casa de botellas, pero yo no me había entusiasmado mucho porque no sabía de qué se trataba. Pero los que saben dicen que las mejores cosas son esas que conocemos sin tanta expectativa y en este caso se cumplió el dicho: ¡me quedé enamorado de la casa de botellas! Pero no de la grande, sino de la pequeña, de la que ven en la primera foto. Era como la “casa del árbol” con la que todos los niños soñamos, pero de botellas y cartón de tetrabrik. No solo eso. Sino que hasta tenía un sillón de botellas hecho para mi tamaño.

 

Tanto me gustó, que casi no quise hacer el recorrido por el resto de la casa grande, aunque me tentaron cuando me dijeron que había juguetes. Mientras yo me entretenía con unos autos y una cocina, pude escuchar algo de la historia.
Dicen que la necesidad es la madre de todos los inventos y algo así pasó con Alfredo Santa Cruz y su familia. Durante la crisis social y económica que sufrió la Argentina en los primeros años de la década de 2000, Alfredo se vio en la necesidad de “hacer otra cosa” y decidió generar dinero con la recolección de residuos (latas, botellas y cartones). En ese momento, su hija le pedía juguetes y una casita. Entonces, en el intento de hacer esa casita, descubrió una técnica para hacer construcciones y juguetes. Lo que comenzó como una necesidad y un juego se transformó en una forma de generar ingresos y de contribuir al cuidado del ambiente.
La primera casa (para su hija) les enseñó que podían generar conciencia ambiental  y ayudar a la gente que vive en condiciones precarias a generar sus propias viviendas y sus propios productos para vender. La materia prima está al alcance de todos.

 

 

Las paredes de la casa grande tienen 1200 botellas de plástico, el techo está hecho con más de 1300 cartones de tetrapack, las puertas y ventanas tienen más de 140 cajas de CDs y los sillones que decoran el lugar tienen unas 120 botellas de plástico. Después de estar un rato en el living de la casa, pasamos a conocer el cuarto (la cama está hecha con 200 botellas) y Alfredo nos mostró los juguetes. Esa fue la parte más linda de la visita. Yo quería jugar con todos, pero solo me prestaron un camión enorme, que me encantó.
Con el tiempo, fueron haciendo cada vez más cosas y ahora también elaboran, por ejemplo, carteras con chapitas de gaseosa o cerveza y crochet.

 

 

En la actualidad, hay más de 70 casas construidas con esta técnica. La mayoría se ubica en la Argentina, pero también hay en Ecuador, Colombia, Paraguay y Brasil. A Alfredo lo siguen llamando de varias partes del mundo para que cuente su experiencia y brinde talleres, pero él dice que está feliz en su Casa de Botellas, en Puerto Iguazú.

Al final del recorrido, pasamos a un ambiente en el que ofrecen sus productos. Nosotros nos llevamos de recuerdo un auto, que se transformó en mi juguete preferido durante todos los días que estuvimos en Misiones. Tiene una resistencia increíble, porque lo hice saltar, subir escalones y rampas, pasar por charcos de barro y hasta lo tiré desde lo alto de un árbol y el auto quedó como nuevo. Yo, feliz.

 

 

Información útil

La casa se ubica en el barrio de las Orquídeas, en Puerto Iguazú. La familia vive en el mismo predio, por lo que uno puede visitarla en cualquier momento, entre las 8 y las 19 horas. Solo hay que acercarse y tocar timbre.

El precio de la entrada es de 100 pesos.

Para llegar (sino tienen auto) pueden tomar el colectivo urbano desde Puerto Iguazú que dice km 5 y pedirle al conductor que les avise dónde bajarse. La parada es casi enfrente de la casa.
También se puede ir en taxi, que todos saben dónde queda. El precio del colectivo es de 15 pesos.

Para más información pueden visitar el Facebook de la casa que se llama Casa Ecológica Iguazú.

Si querés leer más sobre mi columna, te invito a leer Te cuento del camino lo que vi.

 

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Tahiel

Tahiel

Soy Tahiel, el tercer integrante de Magia en el Camino. Soy muy nuevo en esto del blog y las redes sociales, pero ya tengo mi propia columna. Espero que les guste!
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4 thoughts on “La casa de botellas en Puerto Iguazú

  1. ¡Ala qué pasada! Es impresionante el trabajo que ha hecho Alfredo y sí, la casa pequeñita se ve como todo un paraíso para los más pequeños, una cabaña que hubiese hecho las delicias en mi infancia. Un pena haber pasado por ahí y no haber conocido el proyecto de Alfredo, pero como se suele decir, siempre hay que dejar cosas por ver para querer volver.

    ¡Un abrazo familia!

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