Los Esteros del Iberá con niños

Si estás pensando en viajar a los Esteros del Iberá con niños te cuento que es una muy buena idea, porque yo la pasé genial! Mi mamá siempre sabe cómo hacer para que me entusiasme con un lugar, por eso, cuando decidieron hacer el viaje a los Esteros del Iberá, pensó que la mejor forma de contarme sobre ese destino era con un libro. Y se le ocurrió hacerlo a través de Simón. Simón es la historia de un niño y de un perro que transcurre en los Esteros del Iberá. A medida que leemos la historia, vamos aprendiendo palabras en guaraní y nombres de plantas y animales autóctonos. Leímos el libro varias veces y yo estaba entusiasmadísimo por conocer ese lugar de Corrientes.

Para saber cómo llegar a los Esteros del Iberá pueden leer este enlace, que mi papá escribió con mucha dedicación. Y si lo que quieren es ver la dedicación que MÍ mamá les pone a los artículos del blog, no pueden dejar de leer la guía que escribió sobre lo qué hay para hacer en los esteros. Después me cuentan cuál de los dos es más dedicado.

Yo, mientras, les cuento mi experncia en los esteros así saben todo lo que se puede hacer en los Esteros del Iberá con niños. Como en cada viaje, este también tuvo algunas primeras veces (y eso me encanta).

Navegué y fotografié animales 

Si hay algo que les va a gustar hacer a los niños y niñas de mi edad en un viaje a los Esteros del Iberá es ver animales en libertad y fotografiarlos.

Nosotros hicimos dos navegaciones, una nocturna y otra diurna, y pude ver un montón de yacarés, varias garzas blancas, muchos chajás, cientos de carpinchos, cientos de aves y hasta dos ciervos de los pantanos. También vimos de lejos a un mono y a dos zorros.
Me impresionó la variedad de aves, yo no conocía a ninguna. Con mi mamá jugábamos a identificar los colores de sus distintas partes del cuerpo y a ponerles nombres según esos colores. Había algunas con la cabeza roja, otras con el cuello amarillo y el pico verde, otras con las alas celestes. Realmente era increíble tanta variedas.
En las excursiones estuvimos con Darío y Martín, dos guías de Ñande Retá Lodge, que me tuvieron mucha paciencia y me explicaron todos los detalles que yo preguntaba, como buen niño curioso.
Además de navegar en lancha, se puede hacer en kayak y canoa.

Subí a un caballo

Por primera vez me subí a un caballo. Yo quería galopar, pero me tuve que conformar con dar un paseo tranquilo de unas dos horas. Claro que me gustó mucho, pero la próxima voy a insistir más a ver si me dejan cabalagar. Debe ser una sensación hermosa. La cabalgata dura dos horas y se recorren los alrededores de Carlos Pellegrini en el borde de los esteros.


Comí rico

Los chicos y las chicas que trabajan en Ñiande Reta Lodge tenían tan buena onda que siempre me preguntaban si quería cambiar el menú o no. Pero la verdad es que era tan rico, tan sabroso, que hasta las comidas que en casa me cuesta más comer, como una tortilla de zapallitos, allá me las devoré. Creo que tiene que ver con lo que dice mi abuela: “a los chicos hay que darles comida sabrosa”. Y ahí todo era sabroso (y se notaba bien casero). Además, a veces me daban doble porción de postre y me dejaban elegir helado de chocolate.
Una de las comidas típicas que me encantó fue el chipá, que hacían en el hotel a la mañana. Además, por las tardes, siempre cocinaban algo dulce (tortas, budines, alfajores de maicena, etc.) y lo dejaban sobre una mesa para quien quisiera hacer una merienda.

Manejé una lancha

En la navegación diurna me subí a la lancha obsesionado con manejarla. Cuando le pregunté a Darío si podía manejar, me dijo: “sí, después vemos”. Cuando dijo eso no sabía con quién se estaba metiendo. Al decirme eso, me dio vía libre para que le preguntara todo el tiempo cuándo la iba a manejar. Así que mientras iba observando todo a mi alrededor, cada unos 10 minutos le preguntaba cuándo iba a poder manejarla. Me explicó que tenía que esperar porque el estero es poco profundo y teníamos que ir a una parte con más agua para que el motor no se trabe. Ese momento parecía no llegar nunca, hasta que llegó. ¡Fue un gran momento!

Me sentí libre

En cada viaje me siento libre, pero en los Esteros del Iberá me sentí más libre aún. Todo es tan tranquilo, que pude correr por las calles del pueblo sin problemas, me subí a los árboles, hablé con todas las personas que se me cruzaron en el camino y hasta me hice amigo de Chicha, la perrita que me acompañaba siempre.

Miré atardeceres hermosos

A mí mamá le encanta cuando el cielo se pone rojo/anaranjado. Dice que son los cielos más lindos (aunque en la navegación noctura se quedó maravillada con el cielo tan estrellado, que parecía blanco). En la laguna de Iberá se ven cielos así, porque los atardeceres son una locura. El mejor lugar para verlos es en el muelle desde donde salen las lanchas, así que fuimos dos tardes ahí a ver cómo el Sol se ocultaba detrás del agua, en el horizonte. La segunda tarde nos olvidamos el repelente para los mosquitos y los padecimos.

Hice senderismo

¿Ya anotaron todo lo que les voy contento? Todavía hay más cosas para hacer con niños en los Esteros del Iberá. Una de esas actividades es el senderismo. Muy cerca del centro de interpretación nacen los caminos, que son cortos. Una de las caminatas se llama el sendero de los monos. Dicen que hay que caminar en silencio para ver si los monos se asoman. Suelen no bajar casi nunca, pero sí asomarse entre las ramas. El tema es que no contaron con que yo me iba a encontrar con un amigo nuevo y nos íbamos a poner a conversar mucho.

Jugué en la pileta

La tarde del primer día que llegamos yo quería meterme en la pileta de Ñande Retá Lodge, pero no estaba lista, entonces, decidí sumarme y ayudar al chico que con mucha paciencia la estaba limpiando. Tuvo tan buena onda que hasta me dejó limpiarla a mí con el «saca basura» que era más grande que yo. Aunque no lo crean, limpiar piletas también es una buena actividad para hacer con niños.

 

Pasar unos días en los Esteros del Iberá con niños es una buena opción de viaje en familia. Es ideal para estar en contacto con la naturaleza y escaparse unos días a descansar.

Consejos generales para viajar a los Esteros del Iberá con niños

  • Lleven protector solar, anteojos de sol, gorra.
  • Lleven repelente de mosquitos. Hay muchos al atardecer. Pueden usar manga larga sino van en pleno verano.
  • Lleven abrigo, porque la mayor parte del año refresca a la noche.
  • Tengan en cuenta que no hay plazas ni grandes restaurantes ni otras actividades que no sean las que mencionamos en este post. Por eso, no se olviden (si es que suelen usar mucho) algún juego/juguete/libro/peluche.
  • La mejor época para ir es en septiembre-octubre, porque la vegetación está más florecida y todavía no hace tanto calor como en el verano.

Dónde alojarse en los Esteros del Iberá con niños

Nosotros nos alojamos en Ñandé Retá Lodge, que se ubica en el pueblo de Carlos Pellegrini, a muy pocos metros del muelle y del centro. Si bien está cerca del centro, no es un centro con mucho movimiento, por lo que uno siente que está en el medio de la naturaleza. El lugar es muy acogedor, las personas que trabajan ahí son súper amables y la comida es exquisita (si no se alojan ahí, igual pueden ir al restaurante a cenar). Tienen excursiones, se puede contratar pensión completa, hay pileta de natación y un jardín enorme.

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Aldana Chiodi

Los papeles dicen que soy geógrafa social (profesora), periodista y editora, pero me identifico más con ser viajera, escritora y aprendíz de fotógrafa de viajes. Me encanta viajar, escribir, fotografiar, conocer y compartir otras culturas, llevar magia y arrancar sonrisas por el mundo y la nueva vida que elegí junto con mi compañero y amor: La libertad es un viaje de ida.
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