¿Se puede viajar a dedo (autoestop) con bebés?

La pregunta de este post tiene un doble significado o, mejor dicho, se puede responder de dos maneras. Por un lado, si tenemos en cuenta el concepto de la frase “se puede”, podemos decirles que sí, como poder, se puede. Es decir, nos paramos al costado de la ruta con nuestro bebé en brazos o en el cochecito, estiramos el brazo y hacemos dedo. Alguien nos va a parar.
Ahora bien, si tenemos en cuenta la parte legal y la seguridad, no es tan fácil la respuesta.

Si viajamos con bebés o niños, no existe el relajarse porque estamos “de viaje” o “de vacaciones”. Su seguridad en cualquier ámbito no debe ser algo que dejemos al azar. Y, si bien como padres solemos relajarnos muchas veces (sobre todo cuando están con otra persona), en este tema de la seguridad algunos suelen ser más cuidadosos o preocupados. Es mí caso (Dino). Claro que muchas veces Tahiel viajó sin seguridad, como hace en un taxi en Buenos Aires o en cualquier medio de transporte público. También lo ha hecho en pueblos o ciudades donde, directamente, los autos son tan viejos que no tienen ni cinturón. En estos casos, no queda más remedio que adaptarse a la situación. Nadie puede juzgarnos por eso.

Cuando armamos nuestro #europamagica2015, pensábamos que nos moveríamos con Tahiel en transporte público, pero también a dedo (autostop), como era nuestra costumbre. Como dije antes, los primeros interesados en que Tahiel estuviera seguro en todo ámbito éramos, y somos, nosotros. Como claramente no íbamos a poder viajar con una sillita para bebés, decidimos construir un cinturón de seguridad para adaptar a cualquier cinturón de seguridad de cualquier vehículo. La idea estaba basada en los cinturones de seguridad (baby Belt) que nos entregan en los aviones.
Para eso, fuimos a una negocio que fabrican y reparan cinturones de seguridad en la Ciudad de Buenos Aires, llevamos el plano en papel y tras un no muy extenso brainstorming, la idea llegó a tomar forma. Incluso, como llevamos a Tahiel de modelo, las medidas fueron las correctas. Bueno, no tanto. Lo hicimos un poco más grande para que se pueda mover y no se sintiera inmóvil. Funcionaba perfectamente.

El adaptador.

cinturonseguridad

 

El adaptador funcionaba a la perfección y nosotros estábamos felices porque íbamos a poder usarlo sin problemas. Pero había un “problema”. No estaba en el marco de la ley. En Europa (y en otros países del mundo) existe una legislación sobre cómo deben viajar los bebés y los niños en automóvil. Más allá de la falta de seguridad, sino se cumplen las reglas, las multas son muy altas para los infractores (los conductores). Tan incorporado está este tema en los países que visitamos que, por ejemplo Ana, la chica de couchsurfing que nos alojó las primeras noches en el inicio de nuestro viaje en Madrid, consiguió una sillita de bebé de una amiga para ir a buscarnos al aeropuerto. Tan es así que nuestro amigo Pablo también consiguió una sillita para ir a pasar un día a las sierras. Tan es así que nuestro amigo Filipe, en Portugal, también consiguió una sillita para llevarnos desde Ovar a Aveiro y a pasear por la zona. Tan es así que en nuestro primer intento de hacer dedo a la salida de un pueblito en el país Vasco, con intención de regresar a Bilbao, se detuvo una familia muy gustosa de llevarnos, pero cuando nos preguntó si teníamos sillita para el bebé y le respondimos que no, nos explicó que no nos podían llevar. O sea que, al parecer, para hacer dedo no servía.

Ese día volvimos a hacer un intento, y unos chicos jóvenes (y gracias al adaptador) nos llevaron unos 5 kilómetros hasta la parada del bus. Caminar con el carrito esos 5 Km al costado de la ruta era más inseguro aún que viajar con el adaptador. Esa fue la primera vez de Tahiel haciendo dedo y la verdad es que con el adaptador estuvo seguro.

Primer dedo de Tahiel, en el País Vasco.

tahieldedo

 

Si bien el adaptador no se asemeja a la sillita y, por lo tanto, no nos quisieron llevar a dedo, sí nos sirvió para otras situaciones, como cuando usamos el sistema de compartir auto, o cuando algún amigo del camino nos acercaba hasta algún sitio (en estos casos, los conductores iban rezando que no los paren…).

Compartir auto en Eslovenia.

tahielcarpooling

 

La experiencia de hacer dedo siempre fue algo que a Aldana y a mi nos gustó mucho. Compartir esa experiencia con Tahiel será algo que haremos cuando Tahiel tenga unos años más. Sobre todo, por  algunos de los siguientes motivos, más allá de la falta de sillita.

– Tahiel ya no quiere estar en el carrito ni por un minuto. Estar parados en una estación de servicio, estación de peaje, o aún peor, al costado de la ruta, definitivamente no es la mejor idea. Hacer dedo requiere paciencia. Paciencia significa tiempo y además, los lugares donde debemos pararnos para llevar adelante tan loable tarea, no suelen ser aptos para bebés inquietos como el nuestro. Una vez lo intentamos en una curva a la salida de Óbidos, en Portugal, y nos dimos cuenta que era muy peligroso para Tahiel. Él quería correr, caminar, levantar cosas del piso, tirar piedritas y todas esas actividades tan entretenidas para un bebé que hacía recién 5 meses que caminaba. Estábamos más pendientes de que Tahiel no se acercara a la vera de la ruta, que de mirar si venían vehículos que pudieran levantarnos. Por lo tanto, en menos de 10 minutos ya estábamos levantando todo para regresar a la parada del bus.

– Los bebés tienen sus horarios. Los padres los debemos conocer y, por supuesto, respetar. Los conductores eventuales tienen sus propios ritmos y no siempre estarán dispuestos a adaptarse.

– Quien conoce un berrinche de bebé sabe de lo que hablo. Motivo suficiente y entendible para que nos bajen en la primera curva que encuentren. Si tenemos suerte, será a la sombra.

– Si son tramos largos y es la hora de comer del bebé, habrá que darle de comer. Cuando un bebé come, obviamente ensucia. Si le damos de comer a bordo, el stress que padeceremos (sobre todo los que somos maniáticos de cuidar los autos) con tal de no manchar el tapizado será difícil de olvidar.

– Llegar de noche a una estación de buses no es nada anormal en la vida del viajero. Llegar a dedo a cualquier punto de una ciudad de noche, donde nos vayan a dejar los conductores, es una posibilidad muy cierta. Llegar en esas condiciones con un bebé seguramente no es muy cómodo.

Todo esto se soluciona cuando ya son más “nenes”, ya que se pueden quedar quietos al costado del camino o en un peaje o estación de servicio; pueden tomarse el hacer dedo como un juego e inventar historias de quienes pasan y no nos paran (como hacemos con Aldana); pueden usar el cinturón de seguridad de cualquier vehículo y pueden comer a la par de un adulto.

Por lo tanto, como poder se puede, pero recomendamos no hacer dedo con bebés (sobre todo por el tema de las esperas y de la falta de seguridad en el camino), aunque si lo hacen traten de tener algún tipo de adaptador. Es verdad que uno viaja en taxi, colectivo o bus y lo hace sin cinturón de seguridad, pero eso no quiere decir que sea lo correcto, simplemente es a lo que estamos acostumbrados. Muchas veces cuando hicimos dedo en Asia, África o en Latinoamérica fuimos sentados en la parte de atrás de camionetas o camiones sin ninguna protección y pensando que en cualquier momento nos podíamos matar. Pero eran nuestras vidas y era nuestra decisión. Si le pasa algo a nuestro bebé por subirnos a un vehículo de manera insegura es porque nosotros tomamos una decisión por él. Él no eligió eso.
Sabemos que muchas personas lo hicieron (o lo hacen), sobre todo cuando son bebés más pequeños que pueden ir envueltos en las telas para bebés, pero en ese caso se corren otros riesgos en caso de accidente.

A veces los papás tenemos que entender que hay etapas y ciclos en la vida y que no siempre se puede hacer todo. Sumar un bebé a los viajes no es lo mismo que sumar un nene. Así que ahora es tiempo de disfrutar los años de “bebé” de Tahiel y, más adelante, disfrutaremos los de “nene”. No es fácil, como les cuenta Aldana en este post, pero debemos aprender a cambiar el chip viajero.

Buen viaje!

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Dino Feldman
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Dino Feldman

Desde 2009, junto con Aldana, decidí cambiar mi estilo de vida: dejé la ingeniería en sistemas para dedicarme solo a la magia y a los viajes. Desde ese momento disfruto de conocer y compartir otras culturas, de escribir y de llevar magia por el mundo mientras arrancamos muchas sonrisas.
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