El copiloto De Nilson, el policía Juan y el camionero Octavio

 

Estos tres personajes que nos encontramos en el camino fueron los responsables de llevarnos desde Cartagena, en la costa colombiana, hasta Medellín, casi en el centro del país. Como siempre, el viaje se hizo más largo que lo normal. Como siempre, fue todo una aventura.


Salimos de Cartagena temprano. A pesar de esto, la temperatura ya debería estar por los 30 grados. Nos habían dicho que la salida a la ruta era muy lejos, por eso decidimos probar suerte con la terminal de buses. No es que estábamos locos, sino que en Venezuela y Colombia nos pasó que algunos buses algo viejos y destartalados, atendidos por sus propios dueños, te llevan algunos tramos gratis. Bueno, nuestro objetivo era ese: algún tramo gratis, por lo menos hasta la ruta.
Pero no fue nada fácil. Intentamos primero con las empresas grandes las que pusieron todas las excusas habidas y por haber. Hablamos con los supervisores de la terminal y hasta con el gerente, ya que nos habían dicho que existía un fondo destinado a colaborar en este tipo de pasajes (nosotros les explicábamos del proyecto, les decíamos que como lo estábamos costeando nosotros tratábamos de hacer la mayor parte del viaje con la ayuda de la gente, les mostrábamos la nota periodística, les ofrecíamos publicidad en el blog, etcétera). Pero nada. Bueno, posiblemente ese fondo sí existía pero estaba vacío o lo utilizarían para favores personales…

Después de que casi nos subimos a uno (a último momento el conductor se arrepintió, cosa que no podíamos creer) decidimos hacer el último intento. Fuimos a un sector de la terminal donde se encuentran las empresas más chicas y que no habíamos visto antes. Allí, el primer intento dio sus frutos. El copiloto (el encargado de vender los pasajes y recolectar gente por el camino) era fanático de Argentina y, sobre todo, del fútbol argentino (ya es la segunda vez en el viaje que esto nos ayuda mucho) y dijo que sí, casi sin pensarlo. De esta manera, De Nilson nos llevó a su bus y allí esperamos hasta que decidieran arrancar. Lo único que quería De Nilson es que en el blog lo nombremos junto a Messi. Ningún problema, De Nilson y Messi para la posteridad.

De Nilson no quería irse sin una foto con nosotros.

La compañía era Torcoroma, una cooperativa de trabajadores con distintas clases de buses. A nosotros nos tocó uno de los más coloridos y viejos, pero viajamos felices porque habíamos logrado salir de Cartagena y ya eran más de las 12 del mediodía. El destino final del bus no era Medellín, sino Sincelejo, una localidad que estaba de camino pero más lejos de Medellín de los que pensábamos. Varias veces durante el camino, De Nilson nos preguntó si teníamos hambre, siempre dijimos que no porque no queríamos abusar. Tenía la intensión de comprarnos algo para comer cada vez que el bus se detenía para subir o bajar gente.

El viaje se hizo largo, muy largo, porque como dijimos, el bus paró en todos los pueblos del camino. El calor todavía era mucho y el viento que entraba por la ventanilla era más lo que te ensuciaba que lo que te refrescaba. Por eso llegamos a Sincelejo a las seis de la tarde.
Como todavía había un poco de luz solar, decidimos hacer un último intento para ver si conseguíamos a alguien que nos lleve ese mismo día hasta Medellín. Sino teníamos suerte, había que dormir en Sincelejo y salir temprano al día siguiente. Cargamos las mochilas, caminamos hasta la bomba de servicio que nos habían indicado y esperamos allí uno minutos. En ese momento, entró una camioneta de la policía, se bajó Juan y, muy cordialmente, nos preguntó si necesitábamos algo. Sí, que nos lleven hasta Medellín, les dijimos. Después de explicarnos que estábamos en un lugar peligroso y que por eso se habían acercado a ver si necesitábamos algo, nos dijo que nos podía embarcar en algún bus, gratis, por supuesto. Así fue como nos subimos a la camioneta (fue una sensación algo extraña) y nos llevaron hasta el puesto de policía de carretera ya en la ruta.

Ya en la policía, Juan se encargó de hacer algunas llamadas y nos dijo que estaba todo solucionado. Según su versión, nos iban a llevar en otra camioneta a un pueblo y, de ahí, nos iban a subir en un bus. Buenísimo, pensamos nosotros, vamos a poder dormir toda la noche y llegar a Medellín “fresquitos”. Pero no fue así.
Juan se fue, nos dejó escrito en nuestro diario unas lindas palabras, y nos dejó a cargo de otro oficial.
Después de esperar unos minutos en el reten de policía y de hacerles a los oficiales algunos trucos de magia, nos dicen que van a tratar de subirnos a un bus o a una mula (camión) ahí mismo. Casi no nos dejaron hablar que ya estaban parando a Octavio. Un camionero de unos 50 años que resultó ser un personaje muy querible.

A nosotros mucho no nos gusta que la policía pare a un conductor y les “sugiera” que nos lleve, pero según Octavio el policía se lo preguntó muy amablemente y sin presión. Nunca lo sabremos con certeza, pero Octavio estaba contento de llevarnos, sobre todo porque quería hablar con nosotros de Gastón Pezzuti. ¿Quién es Pezzuti? El arquero de Nacional de Medellín que el domingo pasado atajó tres penales y consagró a Nacional campeón del fútbol colombiano. De la noche a la mañana este arquero argentino se transformó en un ídolo indiscutido y por las calles de las ciudades se vende su foto como pan caliente.
Acomodamos las cosas detrás de los asientos y seguimos viaje. La idea de Octavio era seguir derecho hasta Medellín sin dormir en toda la noche. A nosotros esa idea no nos gustó mucho porque veíamos que tenía sueño, así que le sugerimos que si no aguantábamos podíamos parar a descansar unas horas. El camión no era muy amplio pero nos podíamos acomodar.
A eso de las 11 de la noche nos invitó a cenar. Paramos en un puestito sobre la ruta donde él acostumbra a comer y disfrutamos de una rica cena. Ya con la panza llena (y un poco más de sueño) seguimos camino. Iban pasando las horas y a nosotros se nos cerraban los ojos inevitablemente. Octavio empezaba a gesticular con la cara y a mover las manos y brazos para no quedarse dormido, por eso decidimos que había que parar. Nos prometió que cuando estemos en la parte fría (en altura) íbamos a parar así no era tan molesto el calor para dormir. Esa parte fría no llegaba más. A las 3 de la mañana nos detuvimos en un parador, en la montaña, donde Octavio nos pagó la habitación y caímos rendidos en la cama. No fue un sueño largo, ya que a las 6 estábamos arriba tomando un café caliente y preparándonos para seguir viaje, pero fue reparador.

Quedaban todavía unas cinco horas de viaje (siempre en mula se viaja más lento) de las que algunas dormitábamos y otras, hablábamos. Octavio es un camionero de 50 años, con una nena de 8, Susanita, a la que adora y a la que llamó varias veces durante la mañana. En estos momentos maneja un camión prestado porque el año pasado, junto a otros camioneros y durante la noche,
lo paró la guerrilla en el norte del país y lo obligó a incendiar su propio camión. Si no estaba de acuerdo le decían que entre al camión que ellos lo hacían. Obviamente agarró la gasolina que le dieron y a la mierda todo. Nosotros nos sorprendimos, pero al parecer era una práctica común. ¿Para qué? Posiblemente propaganda y terror. Mientras el seguro hace los trámites para ver si le devuelven un camión como el suyo se desplaza entre Venezuela, Colombia y Ecuador en uno prestado.
La zona que recorrimos durante la mañana es el área lechera del país. El paisaje de montañas verdes, con pueblos en las laderas y muchas vacas se mezclaba con las industrias lácteas al costado de la ruta. Como era temprano, vimos cómo los pequeños productores ordeñaban las vacas y cargaban los frascos de leche en los burros hasta las industrias.
Finalmente, a las 10 de la mañana estábamos en la ciudad de Medellín. Una ciudad muy linda, que se asocia a Pablo Escobar, pero también al tango y a la cultura paisa. Todo esto, en la próxima entrada!

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Aldana Chiodi

Los papeles dicen que soy geógrafa social (profesora), periodista y editora, pero me identifico más con ser viajera, escritora y aprendíz de fotógrafa de viajes. Me encanta viajar, escribir, fotografiar, conocer y compartir otras culturas, llevar magia y arrancar sonrisas por el mundo y la nueva vida que elegí junto con mi compañero y amor: La libertad es un viaje de ida.
Si querés saber más sobre mi historia podés leer acá.
También podés visitar mi blog personal o sumarte a las redes sociales.
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5 thoughts on “El copiloto De Nilson, el policía Juan y el camionero Octavio

  1. Que bien se escucha la experiencia de la policia en esa población Colombiana. Aca en México daría miedo ver aproximarse a la policía. Sigan acumulando logros, leo todos los post que ponen siempre. Saludos
    Alberto (nos conocimos en India ;o))

  2. Dios mío!!! Qué osados!!!Les falta conocer a los muchachos del «Padrino» , y cartón lleno. Menos mal que cada episodio termina bastante bien. Cuídense !!!!!! Besos

  3. Pero que solidarios todos. Y el caminonero les pago la noche y todo.
    Me alegra que todo siga bien. La verdad es que es sorprendente este diario de viaje.
    Los felicito y tengan nuevamente mi sana envidia en vuestra mochila.
    Convencido de que latinoamerica es nuestra partira, les mando un abrazo fraterno

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