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Miscelaneaes

[sg_popup id="2" event="onload"][/sg_popup] “La memoria apunta hasta matar a los pueblos que la callan y no la dejan volar libre como el viento”. (León Gieco) Se acerca otro 24 de marzo. En la Argentina, es el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia. Esta fecha se relaciona con lo ocurrido durante la última dictadura militar en el país. Para mi es un día especial. Me genera muchos recuerdos y muchos interrogantes. Entre el revuelo de ideas en mi cabeza hay una que se posa directo en el teclado: me dice que hay un libro, escrito hace ya unos años, sin publicar, donde trato de descubrir los lugares de la memoria en el espacio urbano. Pensé que es una buena oportunidad para contarles de qué se trata e invitarlos a descubrir esos lugares de la memoria que nos rodean, no sólo a los locales, sino también a los viajeros que llegan de visita y que, posiblemente, nunca se les ocurrió mirar la ciudad desde sus lugares de la memoria. Las paredes de la ciudad forman parte de esos lugares de la memoria. En este caso, un stencil que representa un auto ford verde usado en la última dictadura militar para realizar, entre otras cosas, secuestros en la vía pública.

 

[sg_popup id="2" event="onload"][/sg_popup] Recibir la visita de un viajero amigo es una buena excusa para seguir descubriendo Rincones de Buenos Aires. En este caso, nuestro amigo era Sele (de El Rincón de Sele) y el lugar elegido fue Puerto Madero. No es que no conocíamos Puerto Madero, pero era un buen lugar para caminar ese día soleado y contarle algo de la historia de este puerto obsoleto que se convirtió en uno de los barrios más caros y exclusivos de la ciudad de Buenos Aires, y darle una idea de todo lo que podía ver y hacer en Puerto Madero (Al final del post está el resumen de todas las cosas que pueden conocer y hacer).  

Foto: Luis Argerich

[sg_popup id="2" event="onload"][/sg_popup] Siempre me gustaron los mercados. Tienen una mezcla de local y extranjero, de antiguo y moderno, de cotidiano e inusual, de arrabal, de chamuyo, de regateo… Siempre me gustaron las antigüedades. Nunca supe por qué. ¿Será que me imagino quién usó esos objetos en el pasado y comienzo a hilar historias sobre eso? Puede ser. ¿Será herencia paterna? Puede ser. Lo cierto es que me gustan y cada vez que puedo chusmear entre las antigüedades lo hago. No les voy a decir que me gustan todas las antigüedades. Hay algunas que me parecen un poco “tétricas”. Pero en general, es algo que me entretiene. En casa conservo varias, por ejemplo, una radio de mi abuelo paterno que no conocí y una plancha que se usaba con carbón. No puedo dejar de imaginarme a las señoras planchando con semejante objeto, pesado y caliente, o a mi abuelo escuchando los partidos de Boca y las carreras de fórmula 1 en esa radio. Si juntamos los mercados con las antigüedades tenemos como resultado un Mercado de pulgas.   Street art en el estacionamiento del predio del Mercado de las Pulgas, en Buenos Aires.