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[sg_popup id="2" event="onload"][/sg_popup] Esta entrada forma parte de la categoría Rincones de Buenos Aires. Es un poco extensa, pero vale la pena recorrerla. La Avenida de Mayo, en la ciudad de Buenos Aires, es una de las avenidas más emblemáticas y características del centro porteño. Comienza y termina en dos plazas. Une la Plaza de Mayo, donde se localiza la Casa de Gobierno (conocida como la Casa Rosada) y la Plaza del Congreso, donde en uno de sus extremos se encuentra el Palacio del Congreso de la Nación Argentina. Las 9 o 10 cuadras (depende cómo se las cuente) que unen las dos plazas son testimonio de una época que buscaba mostrar toda la opulencia del momento. A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, la ciudad miraba hacia Europa y la necesidad de modernización no pasó desapercibida para sus entonces gobernantes. Así fue que la Avenida de Mayo se abrió con los objetivos de: crear un espacio comercial y festivo, de facilitar el tráfico, de favorecer las condiciones de higiene y de embellecer la ciudad teniendo como modelo los boulevares parisinos. Para su construcción se demolieron muchas construcciones pertenecientes a las clases altas de la época, por lo que hubo mucha resistencia al proyecto. Además, fue necesario derrumbar una parte del Cabildo de Buenos Aires. En sus hoteles, bares, restaurantes y palacios tuvo lugar la vida pública, política y cultural de la Buenos Aires de principios del siglo XX. En la actualidad, es posible observar en su arquitectura el aporte inconfundible de los inmigrantes españoles, franceses e italianos. Los invito a un breve recorrido por la Avenida de Mayo. ¿Están listos? ¡Nos vamos a caminar! 

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[sg_popup id="2" event="onload"][/sg_popup] Alto y flaco, con un cigarrillo sin prender en la mano. Saco y sombrero. Falu entró al bar con paso firme, pero lento. Se acercó al mostrador y pidió “lo de siempre”. En cualquier bar sería un cortado. Pero en este no: le trajeron vino. “Acá no te lavés los dientes porque te tratan de trolo”, nos dijo el Coco al ver la escena. Es que el Coco es uno de los tantos habitués de El Rincón de Antonio, un bar de más de 100 años en el barrio porteño de Villa Pueyrredón, donde personajes como él y Falu pasan horas charlando, jugando al truco, tomando vino, café y haciendo apuestas para las carreras de caballo. Otra cita imperdible es cada vez que hay fútbol y, últimamente, hay fútbol todos los días. Falu y su vino.

 

[sg_popup id="2" event="onload"][/sg_popup] “La memoria apunta hasta matar a los pueblos que la callan y no la dejan volar libre como el viento”. (León Gieco) Se acerca otro 24 de marzo. En la Argentina, es el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia. Esta fecha se relaciona con lo ocurrido durante la última dictadura militar en el país. Para mi es un día especial. Me genera muchos recuerdos y muchos interrogantes. Entre el revuelo de ideas en mi cabeza hay una que se posa directo en el teclado: me dice que hay un libro, escrito hace ya unos años, sin publicar, donde trato de descubrir los lugares de la memoria en el espacio urbano. Pensé que es una buena oportunidad para contarles de qué se trata e invitarlos a descubrir esos lugares de la memoria que nos rodean, no sólo a los locales, sino también a los viajeros que llegan de visita y que, posiblemente, nunca se les ocurrió mirar la ciudad desde sus lugares de la memoria. Las paredes de la ciudad forman parte de esos lugares de la memoria. En este caso, un stencil que representa un auto ford verde usado en la última dictadura militar para realizar, entre otras cosas, secuestros en la vía pública.