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África

  ¿Alguna vez pensaron que podía existir una calle solo para perderse? Bueno, no sé si estuvo pensada para eso, pero es la sensación que tuvimos. Como muchos de ustedes saben, los viajes también implican eso: perderse. Creo que es una de las maneras más lindas de viajar: elegir ciertos momentos, dejarse llevar y, de repente, no saber dónde estás. Cuando estamos de viaje (y a veces hasta en nuestra ciudad) nos gusta repetir y llevar a la práctica la frase “Si caminás, pasan cosas”. Cuando tenemos la posibilidad de caminar y perdernos, siempre encontramos una puerta abierta que nos invita a pasar, un aroma a té caliente que nos ofrece sentarnos, y una persona con una historia esperando ser contada. Cuando tenemos la posibilidad de caminar, siempre encontramos detalles que nos hacen imaginar un todo, siempre descubrimos rincones que no aparecen en los mapas y siempre nos perdemos. Así fue como llegamos a la "calle del turrón". Porque nos perdimos.

En los viajes del siglo XXI, una de las cuestiones que se suma a la lista que suelen preparar los viajeros, ya sea mentalmente o en papel, es el tema de la conectividad a internet. Algunos porque trabajan mientras viajan, otros porque necesitan la imperiosa necesidad de estar siempre conectados  y, otros, porque simplemente les gusta compartir sus experiencias en las redes sociales. Sea el motivo que sea, la presencia o no de internet en un determinado lugar influye cada vez más en varios aspectos de los viajes. En África, la conectividad no es tan buena como en otros lugares del mundo, pero en varios lugares existe alguna una posibilidad de conectarse. En esta pequeña guía les contamos nuestra experiencia en los cuatro países que visitamos y les dejamos algunos consejos. Ojalá les sean útiles.

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La combi en la que viajábamos frenó ante una barrera pintada de amarillo, verde y rojo. “Estamos entrando a la mayor comunidad rastafari de Sudáfrica”, entendí que dijo uno de los chicos que nos acompañaba. Me incorporé de golpe al asiento (estaba muy relajada apoyada sobre el vidrio de la ventanilla espiando todo lo que el camino tenía para ofrecerme) y comencé a mirar para adelante. ¿A dónde estábamos por entrar? Desde el principio me llamó la atención que haya un barrera para ingresar. ¿De quién querían protegerse? ¿Querían controlar a quiénes salían y entraban? ¿Por qué? Puede ser, pensé.

12-17

 

“Prefiero las ojotas a las zapatillas” suelo decir si me preguntan cómo me llevo con los deportes. Es que en Argentina, cuando te dicen algo relacionado con las "ojotas" es como que te quieren decir que sos muy malo con los deportes y, por añadidura, con todo lo que sea turismo aventura. Soy de las que prefieren la sombrilla, con el mate y un buen libro, antes que andar luchando con una tabla de surf o de sundboard. Soy de las que prefiere ver a los animales de lejos antes que meterme en una jaula y que se me acerquen los tiburones o cocodrilos (y lo digo, justamente, porque tuve la experiencia). Pero para todos aquellos que no son así, el lugar ideal para realizar un montón de actividades con la naturaleza es la Ruta Jardín. Por eso, una de las primeras palabras con las que se me ocurre relacionar este recorrido del sureste de Sudáfrica es “Aventura”.

  Bueno, en realidad no es un sex shop propiamente dicho, pero así se llama el local que Ronnie tiene en el camino de la famosa Ruta 62, en el sureste de Sudáfrica, cerca de la localidad de Barrydale. Allí no encontrarán juguetes sexuales ni videos para la ocasión, pero sí una colección de ropa interior de todos los rincones del mundo con la que se podría armar un museo y sería un éxito en las grandes ciudades del mundo.

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  Aeropuerto moderno (como casi todos los de las grandes ciudades del mundo). Autopistas, muchas autopistas. Mientras viajamos desde el aeropuerto a la casa de nuestro couch, en un barrio de blancos, miro por la ventanilla. Desde allí observo la fisonomía de la ciudad. No puedo evitarlo. Veo los township, que son los barrios donde eran obligados a vivir los negros durante el Apartheid y que nos los habían presentado como las villas miserias en Argentina, pero no son así. Son barrios precarios, pero con construcciones de cemento y bastante organizados. Si bien en los alrededores de la ciudad sí se encuentran algunos asentamientos precarios como los que estamos acostumbrados a ver en Latinoamérica, no son los townhips (o por lo menos no son todos así). Cerca de estos barrios están los barrios con casas enormes y complejos de casas de alta categoría, con rejas, muros, cerca electrificada y carteles que nos avisan que “están protegidos”. Si bien viven en ellos algunas familias negras, son, principalmente barrios de blancos.